La donna è mobile![]() "Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino |
Cuento de navidad
Habitualmente no le cuesta pero por la mañana una fastidiosa dificultad con las medias acaba sentándola en el borde de la cama y allí, inclinándose sobre sus tobillos la ve. A la moneda. Una preciosa moneda de cinco céntimos que no es suya pero que parece decirle algo como: recógeme, guárdame y traeré más monedas para ti. Pero qué buena señal, qué estrella; de las suyas no cabría esperar nada semejante pero de una moneda desconocida, encontrada fuera de la vía habitual, sí. Estas cosas tienen que suceder más a menudo de lo que parece, lo que pasa es que a mí no. Claro, lo que pasa es que a mí no. La recoge del suelo, está helada, normal estaba en el suelo, abre el bolso, el monedero y coloca dentro la moneda, asegurándose de no perderla echándole por encima la cremallera. Así es como encuentra la primera. Después vienen muchas más, la segunda es de una señora que se sienta a su lado en el tren y de cuyo bolso cae, clink, yéndole a parar a los pies. Otra señal. Esto sólo puede querer decir que estoy en el buen camino. Al monedero, rápidamente al monedero. Y así la tercera, la cuarta, la quinta, y todas significativas, la cincuenta y cinco, la cien, la ciento diez. Ella tiene que cambiar de monedero porque el cierre ya no da más de sí y como la liturgia es la liturgia, tengo que llevarlas siempre cerca, pronto se las apaña para salir a la calle acompañada por todas las monedas, pero metidas en una mochila de ruedas que arrastra con gran esfuerzo y que atrae a otras monedas. Curioso. Al poco empieza a ser imprescindible una maleta, necesitamos más espacio, y ella la compra, y la llena con su chatarra divina, y oh contratiempo, a la altura de las seis mil, aunque no podría precisarlo sin volver a contarlas, tropieza con un escalón muy elevado y sufre una torcedura de muñeca que le impedirá seguir tirando con esa mano. A partir de ahí, sólo puede arrastrar su pesado tesoro con la mano izquierda. Torpemente, con la mano izquierda. Pero tirando. Después de la maleta viene un baúl y cuando en el baúl ya no caben más, llega la imposibilidad de salir con ellas por la bendición de la primera, por la sagrada fortuna de la primera que atrajo a todas las demás, para las que oh, carece de medio de transporte. Piensa que ya no volverá a salir, idea que rápidamente rechaza ante la imposibilidad de seguir respetando el bendito encuentro. Porque ¿quién las recogerá ahora que ya saben que tienen que caer a su paso, y que lo harán esté ella o no? ¿Quién? Eso tiene que hacerlo. Será una fortuna, imposible dejarlas, a ella no le pasan esas cosas. Así que mete todas las que tiene en el maletero de su coche y a partir de ese día empieza a llevarlo siempre consigo. A pesar del dolor de la mano derecha, conduciendo, y las monedas con ella, ella con su compromiso, la suerte sonriéndole y hasta cuándo, se pregunta. En casa las ventanas dan a la avenida de correos, un lugar muy transitado y allí es donde está ella, en el cuarto de baño y delante del lavabo cambiándose el vendaje de la mano lastimada cuando entra, quién conoce la razón, una moneda volando desde la calle. Se mira en el espejo, ahora vienen ellas a mí, se dice, y la coge con mucho cuidado pues ésa es la que abre el camino nuevo, tan importante entonces como la primera. Le busco un lugar preferente, que se sienta privilegiada, líder, elegida. No había pensado todavía dónde cuando, clink, entra otra por la ventana de la cocina. Ya no tendrá que salir a buscarlas, eso es lo primero que piensa, con alivio, masajeándose la muñeca. Ahora las monedas ya saben el camino. No tarda en entrar otra. Y otra. Clink, clink, y no le da tiempo a agacharse a coger una, cuando ya está —clink— rodando la siguiente, así que bueno, que vayan apareciendo, que ella tomará su té en el salón y ahora sí, sin tener que salir, podrá dedicar largo rato a pensar qué hacer con tanto dinero. Y eso hace. Sentarse en el sillón. La satisfacción de tener el trabajo hecho y la posibilidad de un futuro gozoso y liberador, lleno de viajes y anocheceres ebrios, inhiben los efectos del té y a eso de las ocho de la tarde se queda dormida, despertándola de su sueño un terrible dolor en las rodillas, como de no correrle la sangre, como de explotarles, como de morir en cuestión de minutos y de ser avisada de milagro. Intenta moverse pero no puede, el peso de las monedas lo impide y con mucho susto mira a su alrededor, las monedas entrando a montones por las ventanas, todavía entrando a montones por las ventanas. Y subiendo. Y el teléfono móvil en su bolso, al alcance de su mano, pero oh, de su mano derecha. Imposible. La mano le duele demasiado, probablemente esté rota como para sujetarlo y atraerlo y las piernas a punto de gritar por sí mismas que no pueden más, que a ver qué está pasando hasta que llega la noche y dejan de entrar monedas. Las monedas quietas. El mundo parece recobrar la cordura. No se oye un solo clink, ni uno, y en cambio sí el sonido tranquilizador de algún vehículo que cruza de noche la avenida y que lamentablemente, no podrá socorrerla pero sin importar, ella dichosa, no es tan grave, aunque cómo olvidar que sí ahora sí, porque se hará de día y las piernas conseguiré sacarlas, de alguna manera sacarlas, y se tranquiliza, esto ya ha pasado, no siguen entrando monedas, ni una ¿ves? y desde los pies empieza a subirle un ligero sopor, como diciéndole, invitándole: cierra los ojos, descansa. Y vuelve a quedarse dormida. (…) En Correos hay una cola bárbara, increíble, ningún funcionario había visto jamás una cosa igual. La jodida navidad, se dicen codeándose y frunciendo el ceño, y las tarjetas, las cartas, los paquetes, los envíos y telegramas urgentes, urgentísimos, pues cuesta doce con veintiuno, señora, y aquí tiene usted su cambio, para después el siguiente, y apenas sin darle tiempo a guardarse las monedas ya está en al calle, pero qué cola tan enorme, llegando a Colón, y esta chatarra, qué incordio, pero si no cabemos en la acera, hala, aquí mismo, por la ventana, y el que viene detrás, que oye una especie de lamento raro, profundo que sale del piso, anda, pues por ahí también la mía que a lo mejor trae suerte, igual que aquel pozo italiano y el que viene detrás que acaba de enviar unos bombones a Toulouse, también, y toda la cola, y mañana por la mañana, un clásico pasar por ahí y echar una monedita, escuchar el gritito, y a partir de entonces, así, mágico de no saber cómo, todos los días de la vida. Vale. Comentarios » Ir a formularioAutor: La donna è mobile No hay una decisión consciente, porque no eliges. No hay un punto a partir del cual optes por tomarte las cosas de una u otra manera. Más interiormente, más a la tremenda. No lo hay. Pero todos tenemos una manera, la manera, de desentrañar lo que nos pasa por la cabeza. Especialmente lo que más nos duele. Y no hablo del último berrinche, aunque también, ni de una preocupación o menos puntual, accesoria, sino más bien a la grande. Hablo de esos dolores de digestión lenta y agotadora, que no dejan de tener orejas, que vamos digiriendo de a poco, quién sabe en qué rincón porque procuramos mirarlos sólo de reojo, y que nunca podemos considerar curados porque no los sabemos resolver. Esas rémoras a las que periódicamente hemos de enfrentarnos, para aprovechar que se ha aprendido algo, un poco, y así arañarle otro trocito de sanidad o echarle un algo de luz encima. Ignoro cuantas personas han encontrado, han sabido encontrar consuelo, comprensión y ayuda en otros, o cuantas de ellas han podido, al menos, hablar de estas cosas, sus grandes cosas, sintiendo que las ponían en manos cuidadosas y cálidas que tratarían el material con el respeto necesario. Y así ha sucedido, y han establecido vínculos basados en el conocimiento tanto de las fortalezas como de las debilidades. Vínculos afortunados en los que el que recibía esa información no la aprovechaba, aun inconscientemente para hacer más daño, sino que a partir de esa intuición, la intuición de me acabo de enterar de algo que no sé calcular, pero me gustaría poder cuidar, cuando no sanar, se dedicaba a intentar poner remedio echando capazos y capazos de certezas, aunque fuesen a fondo perdido. Como sería lo más natural entre la gente que bien se quiere. En mi caso nada. Si algo he aprendido es que siempre hay que ventilárselas sola. Aprendí que uno debía ser dueño de su vida, de su circunstancia, soberano de cuantos actos llevaran su sello, responsable, sufrido y mártir, abonado a la causa de los prohibido molestar, de los somos alegre, de los estamos jodidos, ¡pero que no se note! De causas así, todas imbéciles de toda imbecilidad pero interiorizadas de tal modo, que para cambiarlas habría de nacer de nuevo. No lo sé. Sólo sé que yo no acostumbro a creer que querrán ayudarme a solucionar(lo) (seguramente porque nunca he recibido ayuda digamos, útil, y entonces no hay costumbre; pues eso), que habrá alguien al que contarle, que sabrá qué hacer, y cómo paliarlo; no confío plenamente en que vayan a curar alguna vez, soy bastante pesimista cuando pienso en su desaparición y lo peor, si me los miran de frente porque se me ven venir, porque ahí es donde alguien sabe que lo tengo, siempre le quito importancia. No te preocupes, ya se me pasará. Déjalo, esto lo arreglaré yo. Y no sé la razón. Está aquí la navidad y con ella, esa sensación (cochina) de no estar donde hay que estar, esa idea de que todos corren, corren más, y yo no llego, que me quedo atrás, como entrando a Atocha y viendo que todos saben en qué tren tienen subirse y yo no voy a coger el mío. La navidad para acentuar la pérdida, o la ausencia, no sé bien. Y eso que a mí me encanta, me gusta el ambiente, me gustan las luces, la decoración, me gustan las comilonas, las risotadas, las sobremesas interminables, vestirme de fiesta, escuchar deliciosas melodías de ayer y de hoy. Pero siempre el solaje ese de moverse todo demasiado deprisa estos días, y las odiosas despedidas aunque temporales, y la rotura de la rutina. Se hace uno un mini-mundo seguro en el que las ausencias y las pérdidas y los dolores y todas las cosas están más o menos bajo control sanitario, y haaaalaaaa, de repente, en la foto comienza a moverse hasta el Tato. Cuando en realidad no se mueve nadie. Y de momento así. Fecha: 06/12/2007 21:33. Autor: La donna è mobile Hombre, que se vayan los peques nada más empezar las fiestas, y no estén cuando nos reunimos, tiene gran parte de culpa. Y es que es raro. No por el hecho en sí, que no estén, físicamente, si no los echo tanto de menos (vamos, sí, pero no como para acabar agarrándome al cuello de alguien para pedirle que vuelvan), pero ah, no estando, y viéndome sola, empiezo a pensar. ¿Desde cuándo pensar es bueno? ¡Nunca! Nunca ha sido bueno pensar. La familia arropa, todos arropan, hay más momentos buenos, buenos, que raros. Pero los raros son raros de toda rareza, ¿navidad, y así? Vamos, raros. Que luego te pones a pensar en frío, ¿qué más da que sea navidad, ya ves tú, si es sólo el apellido de los días? Pero claro, para eso, para que sea sólo un apellido que nada que tenga que ver contigo, tendrías que comerte la tele, por ejemplo, y no asomarte a la red, y no caminar por las calles, porque todo el universo está celebrativo (ejem), estupendo, unido, luminoso y entrañable, y no hay nada más lindo que una familia unida, llenos de buenos deseos y todos mejores personas. Y mira, quieras que no, superas unas de estas navidades raras y te haces más fuerte. Y entonces piensas en tus propósitos de año nuevo, los de saltarse después tan ricamente, y como ya eres una súper-mujer que pasa por cualquier cosa y sale victoriosa, pues a pájara abierta, quieres tener una familia enorme, enorme, pero de varios, más hijos, y más follón, y tejemanejes, y mochilas e idas y venidas de mucho escándalo, y gente cruzándose por la casa, contigo, por el pasillo, y llenándolo todo, con casa grande del tipo Sólo en casa. Mínimo. Fecha: 06/12/2007 23:35. Autor: La donna è mobile Y en realidad ninguna de estas cosas me importa en este momento un pimiento. Fecha: 07/12/2007 00:48. Autor: La competencia Y yo que te sigo entendiendo, vaya que si. Las agridulces navidades, todo a flor de piel. Si que estamos solos, todos esencialmente lo estamos, aunque a veces no lo parezca, nadie va a solucionar nada que no solucionemos nosotros mismos, y aún así, la vida da treguas y proporciona remansos, también amigos sin más interés que verte sonreír y gozar de tu compañía, alta compañía. Y en esas estamos, Feliz Navidad querida Rosa. P.S. y como hay milagros, que los hay -el miércoles milagro- un tal Planeta Agostini que va y llama a la puerta ¿te lo puedes creer? Fecha: 07/12/2007 02:11. Autor: Moonie Berrinche y espumillón. ¿Por qué es reiterado? Resulta anodino hablar de lo mismo todos los años. Fecha: 09/12/2007 01:18. Autor: La donna è mobile Nadie se lo merece más que tú, competente, y me alegro como si me hubiese pasado a mí, :- ) Mimou querido, ¿será por soliloquios? Y lo que es peor, ¿será por loquias? Es lo único que tenemos de sobra, y como no tengo que pedirle permiso a nadie… Moonie (un día me dirás quién eres, cuento con eso), pues porque esto es como preparatorio, como ejercicios de calentamiento para lo que tiene que venir. Es como la venda antes de la herida, como la gilipollez previa, qué sé yo. Es algo que luego se parecerá, pero que no tendrá nada que ver. Y sobre todo son ganas de quejarme que no me cogen dentro del pecho. Me quejaría de todo, estoy quejica. Y estoy mimosa. Y estoy floja. Y esto es lo que hay. Pero vamos, por cosas que poco o nada tienen que ver con la navidad. Cuando esté fuerte ya se me notará. O no. Y entonces no se habrá notado. Ps: Krall sobrevalorada, cuánta razón tienes. La voy a quitar, es un peñazo de tía. Fecha: 09/12/2007 15:51. Autor: La competencia Bien que lo se y es recíproco, eso ya no tiene arreglo ;-) Más aún, barrunto que lo será y pronto, aquello de cuando menos lo esperas salta la liebre es muy cierto Fecha: 09/12/2007 21:22. Autor: Portorosa Sí, uno piensa en lo del apellido, y hace amago de quererse convencer, pero... a su alrededor todo le dice lo contrario. Qué bien todo, Rosa. Fecha: 10/12/2007 17:16. |
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